México acaba de ingresar a la excepcional lista de los 10. No, no somos la décima economía más desarrollada del mundo, tampoco ocupamos ese lugar en la clasificación de la FIFA, ni mucho menos representa el número de premios Nobel que este país ha generado. Ese 10 simboliza el sitio que nuestra estimada república ha alcanzado en el escalafón de los lugares más cachondos del mundo.
Según la encuesta de www.askmen.com, las playas paradisíacas, los zócalos de las capitales, retacados de fuentes y sol, al igual que los bares y antros de corte cosmopolita, son el ambiente idóneo para que los habitantes de esta tierra del maíz y frijol dejen en libertad sus fantasías eróticas y, sobre todo, las lleven a cabo.
En la página se explica que una de las delicias de México, es la libertad sexual que se ejerce en las calles. O mejor dicho, que a pesar de que la prostitución es ilegal en nuestro país, en ciudades como Tijuana ésta labor forma parte de la vida cotidiana, y es perfectamente legal, lo que habla de un país abierto, libre de tapujos, e incentivo perfecto para incrementar el deseo de coitos satisfactorios. A su vez, se destaca la repartición de libros de sexualidad por parte del GDF a chicos de secundaria para encausar sus ardores hacia una práctica responsable y gozosa. Síntoma inequívoco de que los pobladores de esta nación les encanta el cachondeo desde pequeños.
Compartimos honores con otros países que por tradición son considerados ardientes. Por ejemplo, Grecia ocupa el lugar número uno, y en la lista se encuentran bien colocados España, Brasil, Italia, entre otros.
Desvarío
Yo tengo mis dudas sobre el ensalce férvido de nuestro país. Sobre todo porque conozco a amigos que continuamente se quejan de la evasividad de las mujeres mexicanas y de sus estándares de exigencia con respecto a la cartera y aspecto físico. No quiero decir con esto que las mujeres mexicanas sean unas superficiales (claro, las hay como también hay hombres así), algunas le ponen mucho ojo a lo de encimita. Claro, ni como ayudar a estos amigos y tienen detallitos que hacen que las mujeres pongan pies en polvorosa.
Uno trabaja de afanador en un supermercado donde cubre con gasas las excoriaciones que le dejó una cirugía reconstructiva en la cara, después de que su cunero en el orfanato se quemó.
Otro más padece de halitosis crónica y emplea una máscara antigases para proteger a los demás de su aliento, aún así le fascina sacar a las chicas a bailar en las fiestas, en especial rock & roll, y lo que más ansía en la vida es poder dar un beso de lengüita, a alguien más que no sea el espejo o los recortes de presentadoras de televisión del Teleynovelas que colecciona.
Otro es dueño de por lo menos diez locales de materia prima para perfumes. Viste trajes tan caros como estrambóticos. Acaba de comprarse una camioneta Hummer. Le encantan los langostinos. Disfruta de escuchar a la gente. Lo he visto obsequiar collares de brillantes a más de tres mujeres. A veces lleva serenata al lado de algún participante de Latin American Idol. Es bebedor. Tiene un tacto impresionante para firmar los recibos de las cenas (en los que se enlistan al menos una par de botellas de champán). Su rostro es afilado. Varonil. Cabello abundante, relamido. La voz gruesa con un tono dulzón al pronunciar la letra s o z: “Hermosa”, “Belleza”, “Corazón”. Su único inconveniente, el único detalle, es su pésimo gusto para las prótesis oculares. No tiene ojos pero se implantó unos con una carita feliz amarilla en la pupila.
Ni hablar, mis amigos no pueden tenerlo todo: cachondez sin suerte, a pesar de escenarios paradisíacos o bares hipnóticos, es igual a onanismo… bueno pero cachondez al fin. O quizá todo lo contrario. No sé.
Según la encuesta de www.askmen.com, las playas paradisíacas, los zócalos de las capitales, retacados de fuentes y sol, al igual que los bares y antros de corte cosmopolita, son el ambiente idóneo para que los habitantes de esta tierra del maíz y frijol dejen en libertad sus fantasías eróticas y, sobre todo, las lleven a cabo.
En la página se explica que una de las delicias de México, es la libertad sexual que se ejerce en las calles. O mejor dicho, que a pesar de que la prostitución es ilegal en nuestro país, en ciudades como Tijuana ésta labor forma parte de la vida cotidiana, y es perfectamente legal, lo que habla de un país abierto, libre de tapujos, e incentivo perfecto para incrementar el deseo de coitos satisfactorios. A su vez, se destaca la repartición de libros de sexualidad por parte del GDF a chicos de secundaria para encausar sus ardores hacia una práctica responsable y gozosa. Síntoma inequívoco de que los pobladores de esta nación les encanta el cachondeo desde pequeños.
Compartimos honores con otros países que por tradición son considerados ardientes. Por ejemplo, Grecia ocupa el lugar número uno, y en la lista se encuentran bien colocados España, Brasil, Italia, entre otros.
Desvarío
Yo tengo mis dudas sobre el ensalce férvido de nuestro país. Sobre todo porque conozco a amigos que continuamente se quejan de la evasividad de las mujeres mexicanas y de sus estándares de exigencia con respecto a la cartera y aspecto físico. No quiero decir con esto que las mujeres mexicanas sean unas superficiales (claro, las hay como también hay hombres así), algunas le ponen mucho ojo a lo de encimita. Claro, ni como ayudar a estos amigos y tienen detallitos que hacen que las mujeres pongan pies en polvorosa.
Uno trabaja de afanador en un supermercado donde cubre con gasas las excoriaciones que le dejó una cirugía reconstructiva en la cara, después de que su cunero en el orfanato se quemó.
Otro más padece de halitosis crónica y emplea una máscara antigases para proteger a los demás de su aliento, aún así le fascina sacar a las chicas a bailar en las fiestas, en especial rock & roll, y lo que más ansía en la vida es poder dar un beso de lengüita, a alguien más que no sea el espejo o los recortes de presentadoras de televisión del Teleynovelas que colecciona.
Otro es dueño de por lo menos diez locales de materia prima para perfumes. Viste trajes tan caros como estrambóticos. Acaba de comprarse una camioneta Hummer. Le encantan los langostinos. Disfruta de escuchar a la gente. Lo he visto obsequiar collares de brillantes a más de tres mujeres. A veces lleva serenata al lado de algún participante de Latin American Idol. Es bebedor. Tiene un tacto impresionante para firmar los recibos de las cenas (en los que se enlistan al menos una par de botellas de champán). Su rostro es afilado. Varonil. Cabello abundante, relamido. La voz gruesa con un tono dulzón al pronunciar la letra s o z: “Hermosa”, “Belleza”, “Corazón”. Su único inconveniente, el único detalle, es su pésimo gusto para las prótesis oculares. No tiene ojos pero se implantó unos con una carita feliz amarilla en la pupila.
Ni hablar, mis amigos no pueden tenerlo todo: cachondez sin suerte, a pesar de escenarios paradisíacos o bares hipnóticos, es igual a onanismo… bueno pero cachondez al fin. O quizá todo lo contrario. No sé.


